Kirill Petrenko dirige el «Bolero» de Ravel
«Sólo he creado una obra maestra: el Bolero; es una lástima que no contenga ninguna música»: este fue el sarcástico juicio de Maurice Ravel sobre su composición más popular hasta el día de hoy. Como una suerte de precursor del minimalismo, y concebido como música de ballet, el Bolero rehúye cualquier trabajo motívico en el sentido tradicional – durante diecisiete minutos no deja de repetirse un tema lascivo sobre un ritmo que se mantiene constante en todo momento. La genialidad reside en el efecto de arrastre: los instrumentos que van incorporándose sucesivamente y las provocadoras superposiciones de intervalos hacen que el sonido esté aumentando constantemente hasta que la tensión se descarga en un gigantesco exceso a la manera de una bacanal.