La música del ocio: obras maestras nacidas en escapadas veraniegas
Nuestra época actual, que se caracteriza por la productividad, ha inventado el término «workation», que –fusionando las palabras inglesas «work» (trabajo) y «vacation» (vacación)– describe la acción de trabajar durante unas vacaciones. El fenómeno es en sí mismo, por supuesto, mucho más antiguo: compositores como Ludwig van Beethoven, Johannes Brahms y Claude Debussy buscaban ya la inspiración durante los meses de verano en el campo, en balnearios o junto al mar. Nuestra lista de reproducción muestra que de esta costumbre surgieron obras maestras de un carácter absolutamente diferente.
«He encontrado un lugar encantador y apacible» en el que «el mar se despliega con una corrección absolutamente británica», escribió entusiasmado Claude Debussy a su editor. Se refería a Eastbourne, en la costa inglesa, donde el compositor pasó unas semanas en el verano de 1905 para revisar las galeradas y poner punto final a su poema sinfónico La Mer, un dechado de colorido. Pörtschach am Wörthersee era uno de los destinos vacacionales predilectos de Johannes Brahms; Carintia estaba «tan llena de melodías que hay que tener cuidado para no pisarlas», según sus propias palabras. Aquí compuso, además de dos de sus Sinfonías, el Concierto para violín, exactamente igual que haría luego Alban Berg. Más de medio siglo después tomó aquí forma su Concierto dedicado «a la memoria de un ángel», con el que −citando, entre otras cosas, una melodía popular de Carintia− erigió un monumento fúnebre en memoria de Manon, la hija de Alma Mahler.
Gustav Mahler huía de Viena durante los meses de calor para escapar de sus abrumadoras obligaciones y compuso obras maestras como su Novena Sinfonía en Toblach: más concretamente, en una casita para componer apartada del pueblo y exiguamente amueblada. Sin duda, Ludwig van Beethoven disfrutó de más comodidades durante sus estancias veraniegas en el balneario de Teplitz, en el norte de Bohemia, donde brotó de su pluma la Octava Sinfonía. Al sur de Praga, cerca de Vysoká u Příbramě, se encontraba la residencia estival de Antonín Dvořák, quien, en un idílico entorno natural lejos del bullicio urbano, plasmó aquí sobre el papel su Sinfonía núm. 8.
No sólo la sublime belleza de la naturaleza, sino que también su faceta más amenazadora sirvió de inspiración a Richard Strauss para componer su Sinfonía Alpina. En su juventud solía pasar las vacaciones en Chiemgau, donde realizó numerosas excursiones por las montañas, lo que supuso el primer impulso para alumbrar su poema sinfónico. Más tarde, el compositor escogió una villa en Garmisch-Partenkirchen como su refugio de verano; según Strauss, era «el lugar más hermoso de Baviera y Austria, y en ningún sitio es el aire tan bueno como en Garmisch».
© 2026 Berlin Phil Media GmbH
Nuestras recomendaciones
- ¡Reúnase con Kirill Petrenko y los Berliner Philharmoniker!
- Gran ópera con los Berliner Philharmoniker
- «Del Nuevo Mundo»: un viaje a Estados Unidos con los Berliner Philharmoniker
- Música francesa con los Berliner Philharmoniker
- Desde cencerros hasta bocinas de coche: «efectos especiales» en la música clásica
- Música rusa con los Berliner Philharmoniker