Fascinación imperecedera: la música de los Dorados Años Veinte
Nuestra lista de reproducción muestra de qué modo tan anticonvencional se compuso en los años veinte: Kurt Weill escribió una canción sobre la industria del petróleo, Arnold Schönberg la música para una película que no existía y Paul Hindemith plasmó sobre el papel cómo podría sonar la obertura de El holandés errante en la interpretación de una mala orquestina de balneario a primera hora de la mañana. Piezas de Richard Strauss, Alban Berg y Ferruccio Busoni completan esta colorista selección para el festival online Los Dorados Años Veinte.
El éxito de la producción televisiva Babylon Berlin ha puesto de manifiesto una vez más la fascinación imperecedera que suscita el Berlín de los años veinte. También en el ámbito de la música se liberaron energías insospechadas entre el final de la Primera Guerra Mundial y la llegada del nacionalsocialismo. El festival en línea Los Dorados Años Veinte se dedicó, en febrero de 2021, a presentar obras apasionantes creadas durante aquel período. Al fin y al cabo, los propios Berliner Philharmoniker habían contribuido de manera significativa a la vitalidad del panorama musical de la época. Así, Wilhelm Furtwängler incluía una y otra vez composiciones contemporáneas en sus programas y se comprometió de una forma especialmente intensa con la música de Paul Hindemith.
Como apasionado adalid de la modernidad, destacó también junto con los Berliner Philharmoniker el compositor, pianista, director de orquesta y teórico Ferruccio Busoni, una figura fundamental de la época, que en la actualidad es poco valorada y entre cuyos alumnos de mayor talento se encontraba Kurt Weill. En la década de 1920, Weill fue despidiéndose poco a poco de la música instrumental pura para revolucionar el teatro musical gracias a sus colaboraciones con Bertolt Brecht y otros escritores.
A pesar de que el grupo nacido en torno a Arnold Schönberg se encontraba estrechamente vinculado a la capital austriaca, el propio Schönberg se trasladó en varias ocasiones de Viena a Berlín, porque confiaba en poder encontrar un público más abierto a sus radicales experimentos. Entre las obras de la Segunda Escuela de Viena que estrenaron los Berliner Philharmoniker se encuentra la versión para orquesta de la Suite lírica de Alban Berg, que se incluye en esta selección. Richard Strauss abandonó en 1918 Berlín, donde había trabajado durante casi veinte años como director de ópera y como el principal director invitado de los Berliner Philharmoniker. En su ópera autobiográfica Intermezzo, la ciudad se nos presenta como punto de referencia. En 2017, Christian Thielemann interpretó con la orquesta los ingeniosos interludios sinfónicos de esta obra escénica.
Muchas personalidades artísticas relevantes de la década de 1920 se vieron obligadas a emigrar después de ser perseguidas política y racialmente por el nacionalsocialismo. Fue el caso también de Kurt Weill, que acabaría por desarrollar una gran carrera en Estados Unidos. Kirill Petrenko incluyó en el programa del concierto de Nochevieja de 2019 una suite de Mujer en la oscuridad, que conoció un gran éxito en Broadway. Esta obra demuestra que Weill, en su reinvención como compositor estadounidense, se mantuvo fiel al lenguaje musical que había desarrollado en Berlín.
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