De Bohemia y Moravia: Música checa con los Berliner Philharmoniker
Esta lista de reproducción se dedica a música del Romanticismo y la modernidad que procedían del territorio que ocupa la actual República Checa. La selección de interpretaciones de los Berliner Philharmoniker comprende también, además de clásicos como El Moldava de Smetana y la Novena Sinfonía de Dvořák, rarezas como el fascinante estudio para orquesta Mysterium času (Misterio del tiempo) de Miloslav Kabeláč y la Sinfonía Asrael de Josef Suk, esta última bajo la batuta del Director Titular Kirill Petrenko.
No se habla de una música checa en sentido estricto hasta la segunda mitad del siglo XIX, cuando la población checoparlante de la doble monarquía de los Habsburgo comenzó a defenderse contra el dominio de la minoría germanófona. Bedřich Smetana, considerado el padre de la nación musical, se comprometió apasionadamente con la creación de un repertorio operístico en su lengua materna. Leoš Janáček, por su parte, se inspiró en la entonación y en los ritmos del habla cotidiana checa para conformar su inconfundible estilo. Fueron, además, las leyendas y los mitos de las regiones de Bohemia y Moravia, así como la rica tradición de las danzas populares autóctonas, los que contribuyeron a la formación de un lenguaje musical propio.
A pesar de su profunda vinculación a su patria, estos compositores eran cualquier cosa menos provincianos y pasaron sus años de estudios y parte de su vida profesional lejos de sus lugares de origen. En el cenit de su fama, Antonín Dvořák asumió en la década de 1890 el cargo de director del Conservatorio de Nueva York, donde, medio siglo más tarde, Bohuslav Martinů habría de encontrar el lugar en el que vivir y trabajar como exiliado político. Los compositores también demostraron estar abiertos a otras influencias musicales: Dvořák, el sinfonista checo más importante del Romanticismo, siguió la estela de su amigo y mentor Johannes Brahms durante su período creativo intermedio. Janáček, originario de Moravia, se sintió fuertemente atraído, sin embargo, por la cultura eslava oriental −también por la rusa, por tanto−, mientras que Martinů acusó la inspiración del impresionismo francés, el neoclasicismo de Igor Stravinsky y el jazz. Por último, la música de Josef Suk, de la que Kirill Petrenko se ha erigido desde hace años en un convencido defensor, muestra una cercanía con el sinfonismo de Gustav Mahler, que también era originario de Bohemia.
Tan solo algunos de los artistas aquí reunidos fueron ciudadanos de una nación checa (o checoslovaca) independiente. No es casual que el ciclo orquestal de Smetana, del que forma parte la famosa pieza El Moldava, lleve por título Mi patria. Antes de la Primera Guerra Mundial, el dominio estaba en manos de la monarquía austrohúngara; después de la Segunda, de la Unión Soviética. Los compositores checos se construyeron su patria und su tierra natal, por tanto, por medio de la música.
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