Poemas sinfónicos: cuentos, leyendas, impresiones de la naturaleza
Franz Liszt, bajo la influencia de Richard Wagner y Hector Berlioz, fundó en la década de 1850 el género del poema sinfónico, que hoy se encuentra sobre todo presente en la vida concertística a través de las obras orquestales de Richard Strauss. Compositores de Escandinavia, Rusia, Chequia, Italia y Francia se dejaron inspirar por cuentos, leyendas, poemas e impresiones de la naturaleza para escribir obras fascinantes. En esta selección, entre otros, el Director Titular Kirill Petrenko interpreta poemas sinfónicos de Debussy y Strauss.
Los poemas sinfónicos son obras orquestales que hacen referencia a un contenido extramusical. Sin embargo, dado que esta misma definición puede también aplicarse a las oberturas de concierto, a las músicas de ballet e incluso a algunas sinfonías, es posible arrojar luz sobre los perfiles del género si se examina la historia de su nacimiento. Así, Richard Wagner y algunos de sus seguidores afirmaron que la historia de la sinfonía había llegado a su fin con la Novena de Beethoven. La música que este compuso inspirado por la Oda a la alegría de Schiller en el último movimiento de la obra y la transición que se llevó a cabo con ella desde una composición puramente instrumental a una vocal dejaron aparentemente allanado el camino para una conexión más estrecha entre la música y la literatura, así como para que la música absoluta se viera sustituida por la música programática.
Mientras que el propio Wagner se concentró casi exclusivamente en la renovación del teatro musical, su amigo y, posteriormente, su suegro, Franz Liszt −de quien procede el concepto de «poema sinfónico»−, estableció un vínculo entre las obras orquestales y un programa. Durante su etapa como director de orquesta en Weimar, compuso doce obras que se encuadraban en este nuevo género. Para ello se inspiró especialmente en Hector Berlioz, cuya Sinfonía fantástica ya se basaba en un programa descrito con toda precisión. Dado que no es posible, por tanto, contar la historia de los poemas sinfónicos sin referirse a Berlioz, su composición más famosa es la encargada de abrir esta selección.
Hoy en día, este género se encuentra presente en el repertorio sobre todo por medio de los poemas sinfónicos de Richard Strauss. Y desempeñó asimismo un papel importante justamente para las naciones musicales emergentes del siglo XIX. Esta novedosa forma de música orquestal programática permitió que los compositores transformaran temas de su propia cultura popular en obras puramente instrumentales. Esto resulta aplicable tanto para Tapiola, de Jean Sibelius, como para Má Vlast (Mi patria), de Bedřich Smetana, así como para los poemas sinfónicos de última época de Antonín Dvořák, basados en una colección de baladas del poeta Karel Jaromír Erben.
Sin embargo, para casi todos los compositores lo más característico fue buscar una suerte de balance entre la música absoluta y la programática, y muchos de ellos, como Dvořák, Sibelius y Nielsen, compusieron tanto sinfonías como poemas sinfónicos. El programa subyacente no había de entenderse como unas instrucciones de uso, sino que constituía más bien una fuente de inspiración para la dramaturgia y la atmósfera, y lo que perseguía era desvelar para el público un espacio de asociaciones poéticas. No obstante, lo decisivo siguió siendo el curso interior de la música a lo largo de la obra. En este sentido, los compositores de los grandes poemas sinfónicos se habrían mostrado seguramente de acuerdo con una famosa frase de Beethoven. El compositor afirmó al respecto de su Pastoral que su obra era «más una expresión de sentimientos que una pintura».
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