Obras animadas y populares con los Berliner Philharmoniker

En los conciertos de las grandes orquestas sinfónicas dominan a menudo las obras de peso. Dar con el tono ligero constituye asimismo un gran arte. Compositores como Mozart, Mendelssohn, Chaikovski y Gershwin lo dominan de un modo magistral. Los Berliner Philharmoniker, poco después de su fundación, iniciaron una serie de conciertos con música popular y prosiguen esta tradición hasta hoy, entre otros en los conciertos en la Waldbühne y de Nochevieja. En esta lista de reproducción puede verse una selección de obras especialmente queridas desde el Barroco hasta el presente.

La frontera entre la música seria und la música ligera, que durante mucho tiempo ha sido nítidamente perceptible, sobre todo en Alemania, ha sido en realidad siempre muy permeable. Wolfgang Amadeus Mozart, que, al igual que Felix Mendelssohn Bartholdy, dominaba el arte de hacer que lo complicado sonara absolutamente sencillo, compuso serenatas und divertimentos, Antonín Dvořák Danzas eslavas, mientras que las Danzas húngaras se encuentran entre las obras más populares de Johannes Brahms, que sentía, además, una profunda admiración por el rey del vals vienés, Johann Strauss (al igual que le sucedería más tarde al vanguardista Arnold Schönberg con respecto a George Gershwin). Compositores tan refinados como Robert Schumann, Maurice Ravel und Serguéi Prokófiev crearon algunas de sus obras más hermosas para el gusto sin adulterar de los niños.

En países que quedan fuera del ámbito germanófono se ha tenido tradicionalmente menos miedo al contacto: en Francia se apostó de forma muy consciente por establecer un contraste con la «profundidad» alemana. Esto resulta aplicable tanto a Maurice Ravel como a Francis Poulenc o Darius Milhaud, que incorporaron ritmos y sonidos jazzísticos en muchas de sus obras. En la música rusa, la riqueza inventiva melódica de Piotr Ilich Chaikovski y Serguéi Rajmáninov, así como el arte de la caracterización pictórica de Serguéi Prokófiev e Igor Stravinsky, son una garantía de éxito entre un público amplio. Por último, Dmitri Shostakóvich dominaba las sonoridades trágicas con la misma maestría que las ligeras. Y, por supuesto, en este contexto debe mencionarse también a Estados Unidos. Compositores desde Charles Ives hasta John Adams han inmortalizado en sus obras los ruidos cotidianos, el sonido de la gran ciudad, ritmos y melodías irresistibles. Leonard Bernstein poseía, en su doble condición de compositor y director de orquesta, un talento único para combinar la máxima exigencia con lo accesible y lo arrebatador.

La institución de la velada sinfónica «seria» es relativamente reciente. Los conciertos en vida de Ludwig van Beethoven eran popurrís en los que podían escucharse arias de ópera junto con el estreno de una sinfonía y, entre medias, el compositor se sentaba al piano para interpretar una de sus famosas improvisaciones. Los Berliner Philharmoniker han tocado también siempre para el gran público: así, desde su fundación, han conservado la tradición de los «conciertos populares» ofrecidos en una serie regular. Estos han encontrado una continuación acorde con los tiempos en las actuaciones de la orquesta en la Waldbühne, así como en los conciertos de Nochevieja. Hace tiempo que resulta inimaginable prescindir de ellos como un elemento esencial del calendario musical.

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